
Hacemos software de gestión del desempeño, así que nuestra opinión sobre cómo elegirlo tiene un conflicto de intereses evidente. Este post trata de los criterios y no de nuestro producto, señales de alarma incluidas, las que valen para cualquier proveedor y por tanto también para nosotros.

Las seis categorías que hay que puntuar
Gestión de objetivos: soporte de OKR, cascada, seguimiento del avance, y cuánto de todo eso se ve y quién lo ve. Evaluaciones: formularios que se puedan cambiar de verdad, feedback 360, calibración. Feedback continuo: reconocimiento en el momento, posibilidad de pedir feedback, y sugerencias que empujen hacia algo concreto.
Después los 1:1: integración con el calendario, agendas compartidas y acciones que sobrevivan a la reunión. El desarrollo: planes individuales, competencias, itinerarios de carrera. Y la analítica: cuadros de mando que se puedan moldear, análisis de distribuciones y señales tempranas en lugar de un informe sobre el año pasado.

La parte técnica, y la que no se negocia
Las integraciones deciden si la herramienta se usará: el HRIS que ya tenéis, el SSO, el calendario, Slack o Teams. Una herramienta que vive fuera de los sitios donde se trabaja es una herramienta que se visita dos veces.
La seguridad es el único terreno sin concesiones: SOC 2 Type II, cumplimiento del RGPD, cifrado, permisos por rol, registros de auditoría. Si un proveedor es vago aquí, esa es la respuesta.
Cuatro señales de alarma pesan más que las demás. Una lista larga de funciones donde nada está terminado. Ningún acceso decente desde el móvil. Precios vagos, con los costes que aparecen después de firmar. Y un soporte lento durante la negociación, es decir, en el momento en que debería estar en su mejor forma.

Decidir
Una tarjeta de puntuación ponderada aguanta mejor la demo que deslumbra: gestión de objetivos 20%, evaluaciones 20%, feedback continuo 15%, 1:1 y desarrollo 15%, analítica 15%, experiencia de uso 10%, encaje técnico 5%, coste total de propiedad 5%. Los pesos hay que moverlos hacia donde vuestra organización sufre más.
Luego están las cosas que ninguna tarjeta captura: si el proveedor se comporta como un socio, si seguirá existiendo dentro de tres años, y la pregunta que lo decide todo. ¿Cuántas personas lo estarán usando de verdad dentro de seis meses, cuando se acabe el entusiasmo del lanzamiento? Si la respuesta honesta es solo RR. HH., el problema no es el software.
Y los primeros noventa días se planifican antes de firmar: configuración previa al lanzamiento, un piloto pequeño, y después el despliegue a todos.
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